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Este es, sin lugar a dudas, uno de mis libros favoritos. No solo por la trama y la especial forma de redactar de Ernest Hemingway, sino por el impacto que tuvo en mí el título del libro y la razón de ser del mismo. Digo, la trama es también bastante buena; llena de rebeldía, romance, muerte y de anhelo por la libertad, de tácticas y de guerra. 
     Recuerdo que en una ocasión tuve la oportunidad de sentirme dentro de los paisajes que en esa obra de arte se describían: fui a acampar a un bosque. Fue realmente divertido, iba adentrándome a ese universo silvestre de rocas y árboles, y un río que lo atravesaba. Con algunos mosquitos y mis dosis de nicotina en forma de cigarrillos para que no me distrajeran (guardando las colillas en una cajita a parte, claro está). Con sonidos de una fauna lejana, cantos y uno que otro aullido, los suspiros del viento y el arrullo del agua que corre por el río, la relajación estaba garantizada. 
     Claro, en mi caso no me vi involucrado en ninguna guerra como en la del libro. No tuve que enfrentarme a los fascistas, a los hombres de Franco. No tuve que planear, junto con los anarquistas, la detonación de un puente. No, tampoco tuve la oportunidad de dormir con María, la chica "fea" que en nuestra imaginación siempre fue una belleza. Y no, tampoco pude ser un héroe como el profesor que con nervios de acero actuó en calidad de soldado, Robert Jordan. 
     No, la verdad es que la novela es mucho más interesante que mi viaje al bosque. Es una obra que llena a uno de inspiración. Y no solo por la obra en sí. El título de la novela está basado en un poema de John Donne, un poeta metafísico que vivió entre el siglo XVI y el siglo XVII. El poema dice:

«Nadie es una isla completo en si mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la Tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; por eso la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas porque están doblando por ti».

     Recuerdo que la razón por la que leí este libro fue porque en una clase que tuve en la universidad, una clase llamada "conocimiento y cultura", el profesor no dejaba de repetir la última línea. El profesor tenía una excelente ortografía y nos regañaba con bastante coraje si cometíamos algún error. Su español era muy bueno, pero su acento siempre delataba su origen, siempre hablaba con un francés muy marcado. Él es de origen haitiano y, por ello, siempre nos decía, a manera de aliento, que sí el pudo aprender español, nosotros también. Creo que por su origen, también, nos repetía esa misma línea cada vez que podía (perdió familia en el catastrófico terremoto de Haití en 2010). Nos decía: "¿Por quién doblan las campanas? ¿Por los muertos? Ellos ya no pueden oír, ya están muertos. Doblan por los vivos, muchachos, ¡para recordarles que ustedes todavía están vivos!". Siempre encontré esas palabras muy inspiradoras. 
     Aunque no solo se trata de una lección de vida. La obra es sobre guerra, sobre la Guerra Civil Española para ser exactos (la novela fue publicada 4 años después de su inicio, en 1940), y eso la convierte en una novela bélica-histórica. Creo que esa es una de las razones por las que amo tanto esta novela: soy una amante de la historia y me agrada leer sobre guerras. No me mal interpreten, no es que esté a favor de las matanzas, sino que me agrada leer sobre ellas por el valor histórico y el rumbo que se toma después, también me gusta leer sobre las tácticas utilizadas (¿qué se puede esperar de alguien que estudia Ciencias Políticas y espera obtener una maestría en Historia?). No sé, a muchos les podrá parecer morboso, y quizá lo sea, pero dejar que los relatos se pierdan en el tiempo me parece una falta de respeto a su memoria y a la memoria de la humanidad.


     Como muchos ya saben, Hemingway participó en dicha guerra como corresponsal. Al parecer, hizo más cosas que ser solamente un corresponsal; se dice que le enseñó a usar el fusil a varios soldados rebeldes durante sus visitas a las brigadas. Es curioso, pareciera que Hemingway, tras haber dado nacimiento a su propia leyenda, creara una leyenda literaria con varios de sus atributos. 
     Varios aspectos se pueden analizar dentro de la novela. En lo personal, los personajes más importantes son Jordan, Pilar, Pablo y María. No sé, supongo que podrían representar distintos niveles de voluntad. Cada uno de ellos tienen un carácter totalmente distinto, y se podría decir que hasta invertido. Jordan es calculador, cuidadoso, es de mente fría y tiene la vista fija en la victoria o en los mejores resultados de su empresa cueste lo que cueste; María es joven y es hermosa, es inocente aún después de haber sufrido vejaciones por parte de los fascistas y, también, se podría decir que es un poco derrotista (al menos al principio); Pablo es un borracho cuyos años de gloria ya han pasado y se ha terminado por convertir en un holgazán que duda del éxito del plan de Jordan, es un ser, se podría decir, castrado; y Pilar, por último, es toda una fiera, especialista en el arte de insultar (sabe pensar con rapidez). Pilar es un personaje muy curioso, tiene un carácter extremadamente fuerte, pero no para de decirle a Jordan que se lleve a María. Es decir, le desea que le de una mejor vida y que, de paso, se la de él también. La barrera entre éxito y felicidad, creo que algo por el estilo se habrá estado debatiendo Hemingway por esos tiempos.
Opiniones de un payaso. Autor: Heinrich Böll. Año de publicación: 1963.

Recuerdo que cuando vi este libro por primera vez, dos cosas me llamaron la atención: en primera, el hecho de que se trataba de un payaso triste y amargado, cosa que para mí supone una maravillosa ironía, y, en segunda, que el autor, de origen alemán, me recordó mucho a Herman Hesse (uno de mis autores favoritos). La verdad es que cuando uno se imagina una novela alemana, un color gris puede llegar a sus mentes mientras intentan imaginar a los personajes y el ambientes en ella incluidos. 

Heinrich Böll. Nacido en 1917 y muerto en 1985.

     Heinrich Böll fue un escritor alemán que combatió en la Segunda Guerra Mundial y terminó siendo prisionero en un campo estadounidense en Francia. Fue ganador del premio nobel de literatura en 1972 por su: 
"Por su escritura que a través de la cual su combinación de una amplia perspectiva sobre su tiempo y destreza sensible en la caracterización ha contribuido a la renovación de la literatura alemana."(En inglés, click aquí)
Es cierto que este autor revolucionó la manera de escribir de otros pasados grandes autores germanos, pero lo más notable de sus obras son los personajes y sus luchas constantes contra instituciones y paradigmas sociales. Sus temas recurrentes suelen ser la posguerra y las sociedades moralistas (e hipócritas). Este señor solía ser un católico asiduo, pero también un acérrimo crítico de la institucionalización de la misma. 
     Además, me parece, era una amante de la ironía y la sátira, pero también de la justicia. A pesar de que el personaje principal de esta novela, Hans Schnier, es un payaso (por profesión) y ateo, él representa su visión, y la de muchos, sobre la Alemania que queda en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial, no solo estructuralmente, sino también espiritualmente (más o menos con el volksgeist). Se puede notar una división en el ambiente, y también un dejo de nostalgia. ¿Qué es lo que le pasa a Hans? El catolicismo parece haberle quitado a su novia abogando a la idea del pecado. Es decir, tener relaciones fuera del matrimonio es cuestión de pecado. Pero Hans es una persona simple, solo quiere amar a Marie, su querida y católica novia, sin que los demás interfieran. Es ateo y quiere vivir sin presiones morales de cualquier tipo, ya él tendrá su propia ética respecto a lo que se refiere al bien y al mal. Solo quiere que la sociedad lo deje en paz y lo deje disfrutar la vida junto a su amada.
     La doble moralidad se hace presente en casi toda la historia. Los objetivos políticos, los cuales Hans aborrece, son propios de aquellos que se hacen llamar hombres de Dios. La democracia cristiana de esos tiempos y la casi obligada impresión de vergüenza por parte de los alemanes de la posguerra dañan la integridad de nuestro protagonista al  meterse con sus ideas y su vida privada. 
     ¿Irónico que hombre de Dios deseen tanto poder como para llegar a alcanzarlo? ¿No les parece más irónico un payaso, cuya profesión consiste en entretener, distraer y alegrar a las personas, con el corazón roto, su intelecto cuestionado por sus emociones y que se emborracha hasta desmayarse con lo poco que gana? No es hedonismo si no lo disfrutas. No es felicidad si no tienes con quien. 
     Aunque en gran parte la crítica va hacia el alemán promedio de esos tiempos, creo que en cierta forma se podría aplicar a los tiempos en los que vivimos actualmente. Por ejemplo, la idea, no expresada, de que somos jueces de la moral y al ver a alguien "moralmente inferior" nos sentimos superiores o más puros y de mayor valor; nos sentimos más educados y civilizados, menos salvajes (de ahí la idea de la falsa vergüenza de muchos de los ciudadanos del país que albergó a los nazis). Böll era católico, sí, y esto no se trata de una crítica a la religión como ideología, sino como institución. El autor era una persona que veía por los marginados y odiaba la hipocrecía que alcanzaba a las grandes cúpulas de la religión. El poder concentrado y mal utilizado. Quienes viven dentro de esa moralidad, le dan el poder a jueces invisibles y poco confiables. El concepto de ateo me llega a la mente. ¿Existiría ese término si no existiera esa casi obligada tendencia a querer dividir las buenas voluntades de las personas por creencias religiosas? O, en otro caso no menos mezquino, ¿por sus creencias políticas? Hans, el borracho apolítico y ateo, no fue eso hasta que la sociedad le hizo aborrecer la política, la religión le hizo aborrecer el concepto de Dios y la religión misma y el corazón le hizo amar la bebida.
     Sin duda es una obra que deja al lector con mucho en qué pensar. No es sobre la decadencia de un marginado, o automarginado, pues sería más digno. Es la eterna lucha de todos los que buscan vivir en paz y sin mayores preocupaciones que poder conseguir que comer para ellos y sus parejas, para ellos y sus seres queridos. Para los que quieren que si se va a hacer política, sea para todos, para que los recursos pasen por manos de todos y no de unos pocos. Para que la religión profese espiritualidad y no política ni ambiciones económicas. Para los que quieran ser jueces de sus propias vidas. Para los que aún sumergidos en la miseria y en el desencanto hacen lo imposible por lucha por lo que los hace felices. Pues bien, saquemos a ese payaso interior e intentémos contagiar la felicidad que las cosas simples nos dan y nos mantienen con vida, hay que reírnos de la sociedad y las instituciones abusivas y controladoras porque, de todos modos, eso es lo que son: una burla.

Fuentes: